Trump da una patada al deshielo de las relaciones entre EEUU y Cuba

Patrizia Aymerich. Con el quebrantamiento del legado de Obama, Donald Trump quiere «renovar el espíritu americano». Así empezaba su discurso hoy cuando finalmente anunció que revierte el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba que comenzó en 2014.

Treinta meses después de que Obama comenzara el histórico deshielo con La Habana, el presidente afirmó que restringirá los negocios con las empresas controladas por militares cubanos (60% de la economía) e impondrá mayores controles a los viajeros estadounidenses que visiten Cuba.

“Ha nacido una nueva política. Doy por cancelado el acuerdo de Obama. No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”, vociferó en el simbólico Teatro Manuel Artime de la Pequeña Habana, repleto de republicanos y partidarios de sus políticas.

No es la primera vez que Trump busca desplazar las medidas tomadas en la anterior administración. A principio de mayo, comenzó la treta por eliminar el Obamacare, pero la nueva propuesta de ley no llegó ni siquiera a la Cámara de Representantes, pues antes fue desechada por sus colegas republicanos, especialmente por el Freedom Caucus.

Sobre Cuba, aunque implica un grave retroceso, no ha podido imponer un cerco muy grande. Por ejemplo, no se cerrará la Embajada de La Habana, reabierta el 20 de julio de 2015; no se prohíben los vuelos comerciales ni los cruceros; y tampoco se restituye la política de “pies secos, pies mojados” que permitía a los cubanos entrar sin visa a Estados Unidos. Tampoco serían afectados los viajes familiares y las remesas que envían los cubanos residentes en ese país.

El senador republicano Marco Rubio dijo en sus redes sociales que estas nuevas medidas “alinean a Estados Unidos con el pueblo cubano” y “empoderará el crecimiento económico de Cuba”.

Durante la transmisión del discurso de Trump, el diario cubano Granma señaló que usuarios de las redes sociales calificaban la decisión como “incoherente” y que así el mandatario echaba “por tierra los avances entre La Habana y Washington sin proponer nada lógico en su lugar”.

Desde que se lanzara a las primarias de los republicanos en la contienda electoral, Trump había dejado claro que era partidario del deshielo con Cuba. Sin embargo, dio un viraje en su opinión acerca de las relaciones con Cuba al acercarse las elecciones presidenciales, para aumentar su popularidad.

Una estrategia comercial. No política ni de DDHH

“Sabemos lo que pasa ahí y no lo olvidamos. Cuba debe legalizar los partidos, permitir elecciones supervisadas, liberar los presos y entregar a los fugitivos. Mientras no haya libertad, habrá restricciones”, dijo Trump, cuyos mensajes nunca se han dirigido a la defensa de los derechos humanos en la isla. Por el contrario, el mandatario ha afilado la cuchilla para moldear las medidas económicas sobre los acuerdos bilaterales entre ambas naciones, con intereses particulares.

Especialistas han aseverado que se trata de una estrategia comercial, más que políticas. Golden State Times indicó que estos cambios “podrían afectar negativamente a marcas hoteleras que compiten directamente con el imperio comercial de Trump, lo que dificultaría su expansión en Cuba”.

Los cambios incluyen la prohibición de «transacciones financieras, incluidas las transacciones relacionadas con viajes con el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa) y sus filiales, subsidiarias y sucesores», según documentos revisados ​​por CNN.

Dirigida por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro, Gaesa es el brazo de las operaciones turísticas estatales en Cuba, que maneja el 60% de la economía en la isla, 57 empresas, incluido el Four Points de Sheraton de La Habana, un hotel que abrió sus puertas hace casi 60 años.

Los negocios de Trump en Cuba

El presidente exploró negocios en Cuba en 1998 a través de una consultora que tercerizaba las verdaderas intenciones del magnate, para saltarse el embargo que prohibía inversiones en la isla, de acuerdo con de la revista Newsweek de septiembre de 2016.

Trump Hotels se gastó al menos 68.000 dólares para estudiar oportunidades de negocio con el régimen de Fidel Castro, utilizando una consultora y ocultando los motivos bajo justificaciones caritativas y humanitarias. Para ese momento, las inversiones en la isla que se hicieran sin la aprobación de Washington eran ilegales.

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