#Opinión | La política de los discursos pantalleros, por Pablo Quintero

Política por Pablo Quintero

Hoy los venezolanos tienen la certeza de que si algo cambia será para peor. No hay expectativas de cambio y la percepción sobre el sistema político es totalmente negativa.  Las razones sobran; el entorno no le transmite un mínimo de confianza o de esperanza a la población. Desde hace mucho tiempo los venezolanos se desconectaron del ritmo político del país y de las repetitivas declaraciones de los voceros de ambos lados. Cada quien está sumergido en su propia supervivencia.

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Los problemas de la cotidianidad y el exceso de información sobre la caótica realidad no permiten que sean visibilizados los asuntos de mayor impacto en la calidad de vida de las personas, esta situación ocurre con las protestas. El tablero internacional o los debates sobre los tweets de Donald Trump opacan lo prioritario para el ciudadano de a pie. 

En el interior del país las manifestaciones por agua, luz, gas y alimentos son casi a diario, muchas son reprimidas y otras poco transmitidas por su difícil acceso. Aquellas que logran evadir la censura y llegar a las redes sociales a través de fotos o videos, terminan desapareciendo en la gran nube de temas centrales o de mayor valor para agencias de noticias y medios digitales.

En Venezuela la desinformación constituye un arma de manipulación efectiva. Grandes bulos y fake news dominan las redes sociales. Antes de que pueda verificarse un contenido, la cyber audiencia sacó sus propias conclusiones y las difunde como verdades incuestionables. La gente no está leyendo, sólo está mirando. Lo que en realidad necesita ser posicionado termina por ser olvidado. La hiperactividad política y el masivo consumo de noticias no solo genera desasosiego en los lectores sino que muchas cosas nunca quedan claras, se trata de versiones, narrativas, relatos y pocas verdades.

En este contexto, ¿los políticos están siendo escuchados? La respuesta es no. Desde hace mucho tiempo se generó una desconexión entre las palabras y las acciones, entre lo que se dice y la emociones. Algunos voceros, por no decir todos, han perdido la brújula en cuanto a sus verdaderos interlocutores. El político le está hablando al político y no al ciudadano o a sus posibles electores. Los venezolanos no saben qué esperar de la oposición, pero sí saben qué recibir del chavismo. 

Es decepcionante para una población que espera un cambio, encontrarse con políticos que dicen más de lo mismo, que no tienen mucho que ofrecer salvo un tuit o una transmisión en vivo. Los ciudadanos no pueden percibir cambio sin antes percibir que sus políticos tienen la capacidad de lograrlo. La política en Venezuela se redujo a un tuit, a una declaración o a un titular. La confrontación sobrepasó los límites de la racionalidad y la sensatez y el liderazgo opositor fija la mirada en sus aliados internacionales y no en el tablero nacional. 

Parte de la solución pasa por reconocer estas debilidades así como también comprender la importancia de una verdadera comunicación política en tiempos de conflicto. Gestionar las emociones en una población cansada y llena de incertidumbre no es tarea fácil, sin embargo es prioritario reactivar a la ciudadanía para que participe en un posible escenario electoral, si se dan las condiciones. A pesar de la dependencia de las redes sociales, la actividad política se sigue concentrando en lo presencial, en el lenguaje y la persuasión. 

En Venezuela, los políticos necesitan entender que sin estrategia, sin organización y sin comunicación no se llega a ningún lado. Es necesario reconstruir este gran rompecabezas, afrontar los dilemas con responsabilidad y criterio de oportunidad. Todas las organizaciones políticas deben hacer control de daños y reinventarse. Caer en fantasías que eleven las expectativas, sin que se materialicen en acciones concretas, sería retroceder. La gente espera políticos con capacidad de decisión, carácter y autonomía, no políticos reporteros que se quejen a diario describiendo lo que la gente ya sabe. 

Ante un nuevo panorama electoral, llegó el momento de tomar decisiones, por más impopulares que sean. Hay que trascender del dilema de confrontación electoral y enfocarse en entender a la actual sociedad venezolana.  El venezolano de hoy no tiene las mismas expectativas que hace dos años. Está consciente de lo difícil que es transitar este camino y no espera resultados de la noche a la mañana, espera propuesta y verdaderas soluciones. Ojalá algunos líderes puedan aprender esta lección. El camino es más corto si se arranca hoy, sin necesidad de esperar por terceros cuyas decisiones están determinadas por sus propios intereses. La ruta está viendo más allá de las pantallas. 

#Opinión | La const
Otra vez en la misma
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