#Opinión | Un talento que se perdió en el mar

25 de septiembre, día recordado en el béisbol de las Grandes Ligas, sobre todo en los Marlins de Miami, porque justamente un día como hoy, pero de hace cuatro años, falleció José Fernández, ese pelotero cubano de apenas 24 años que vivía un gran momento en su carrera y que lamentablemente el mar se lo llevó de este mundo.

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Ese 25 de septiembre de 2016 el mundo del deporte, en especial del béisbol, amaneció con la triste noticia de la muerte de «El Niño». Su lancha se estrelló y acabó con la vida del estelar lanzador derecho.

Justamente recuerdo, que ese día un productor que tenía en mi antiguo lugar de trabajo, me llama para decirme que el programa iba a ser dedicado a José Fernández, y pensé: «bueno es lógico, porque el chamo viene teniendo números magníficos y está ayudando a los Marlins a cambiar su juego»… Pero, no, no era justamente por eso, si no porque el derecho había fallecido esa madrugada en Miami y cuando me lo comentó quedé petrificado, más allá de la noticia, me sorprendió mucho, al darme cuenta que un joven con todo ese talento y futuro por delante se había ido.

No podía creer que Dios se llevara a uno de los mejores pitchers que mis ojos habían visto en esos últimos tres años (2014-2015-2016), e inmediatamente empecé a llorar, pensando en lo injusta que es la vida en ocasiones y sabiendo que jamás conocería a su pequeña hija, a quien llamó Penélope, nombre que eligió antes de su muerte.

José era un verdadero as en la rotación de los Marlins, había tenido un ascenso cómo ningún otro pelotero y la operación Tommy John a la que fue sometido no fue un impedimento para volver a subirse a una lomita. Era un luchador, de esos que no le importaba si al frente, en la caja de bateo estaba Miguel Cabrera, Albert Pujols o Mike Trout, igual «guerreaba» y aplicaba su mejor arma: la recta, aunque tuvo que variar los pitcheos después de la operación.

Después de su repentina muerte, empezaron los homenajes. Los Marlins retiraron el número 16 y todo el equipo jugó con la camisa que tenía su número y su apellido. Recuerdo que el primer turno sin el cubano, Dee Gordon, conectó cuadrangular y corrió las bases ahogado en llanto, mirando hacia el cielo como diciendo «esto es para ti José, siempre te recordaremos», y empecé a llorar, no aguantaba ver como sus compañeros sufrían con su partida, como el fanático y el béisbol añoraban tenerte de nuevo aquí.

Hay una frase que dijo David Samson, presidente de los Marlins antes de ese primer juego después de la muerte de José, «este era el día de José. Si hubiese estado programado para lanzar el domingo, quizás las cosas hubiesen sido distintas», cuestionando la decisión que habían tomado de cambiar el día de su apertura de domingo a lunes.

Hoy, cuatro años después, sigo viviendo ese momento como aquel 25 de septiembre, y aunque nunca conocí a José y él nunca me conoció, sentía gran admiración y devoción por su forma de lanzar, de ser «joseador» en el terreno de juego.

Hoy los Marlins, tus queridos Marlins, te siguen extrañando.

¿Qué hubiese sido de José Fernández si su talento no se hubiera perdido en el mar?.

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