#EspecialVPItv | ¿Cómo repercute en el mundo el golpe de Estado en Mali?

Cómo repercute en el mundo el golpe de Estado en Mali

Las calles de Bamako, capital de Mali, se llenaron de personas, bocinas y detonaciones el pasado martes, cuando el presidente Ibrahim Boubacar Keïta y el primer ministro Boubou Cissé renunciaron a sus puestos por la presión de grupos militares sublevados.

El golpe de Estado, consumado gracias a la detención de estos altos funcionarios, su renuncia forzada y la instalación de una junta militar, recibió el visto bueno puertas adentro por parte de muchos sectores, pero fue mal visto por parte de la comunidad internacional.

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IBK, como era conocido el ahora exmandatario, gobernó la nación occidental africana desde 2013 y revalidó su gestión gracias a las elecciones de 2018, pero no gozaba en los últimos años de la mayor popularidad y por ello tenía en frente a un número importante de opositores.

Ahora, con el nombramiento de Assimi Goitia como jefe de la junta militar, las dudas apuntan al país que logró su independencia de Francia en 1960.

¿Cómo se llegó al golpe?

Mali no es un país que desconozca los orígenes, las dificultades y las consecuencias de transiciones antidemocráticas en el poder. En su corta historia, varias han sido las tomas del Gobierno por la fuerza, por lo que es común para la población que cuando las cosas no funcionan bien, la salida puede ser de un día para otro.

En 2012, el entonces presidente Amadou Toumani Touré también sufrió un sangriento golpe de Estado, luego de llevar las riendas de la nación durante 10 años. Ese hecho condujo a nuevas elecciones, convocadas por el Senado, en las que IBK resultó elegido.

Lo que debía ser un proceso de mejoras, se vio empañado por una mala gestión económica, un enojo generalizado por corrupción y el aumento de la inseguridad por la violencia yihadista y comunitaria.

La tensión vino creciendo en los meses recientes, cuando grandes multitudes pidieron en repetidas oportunidades que Keita diera un paso al costado.

Aunque esto no ocurrió por voluntad propia, la respuesta anhelada por la oposición llegó el pasado 19 de agosto.

¿Cómo lo ve la comunidad internacional?

Mali

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Desde que se supo de un motín en marcha, que luego avanzó hasta la dimisión gubernamental, la comunidad internacional rechazó los actos violentos y clamó por el regreso a la constitucionalidad.

El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, fue enfático al ser uno de los primeros en reclamar por el «restablecimiento inmediato del orden constitucional».

La noticia de la detención de IBK causó malestar en Naciones Unidas, que celebró una reunión de emergencia en el Consejo de Seguridad a petición de Francia y Níger.

El interés de Francia en la región es que esa excolonia es una base clave para sus tropas, que luchan contra los insurgentes islamistas en la región del Sahel.

Frente a eso, la oficina de Emmanuel Macrón condenó rápidamente el caos desatado sobre Bamako.

No menos importante fue la reacción de la Unión Africana, que suspendió la membresía de Mali hasta que «se recupere el orden», mientras que la Comunidad de Estados de África del Oeste (Cedeao) consideró la emisión de sanciones contra el nuevo gobierno.

Costa de Marfil, vecino africano, suspendió por su parte «todas las relaciones económicas, financieras y comerciales» con el octavo país más grande de la zona.

Crece el temor por la inestabilidad

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, dijo esta semana que los acontecimientos en Mali podrían tener un «efecto desestabilizador en toda la región.

A juicio de Michel, lo ocurrido en las últimas horas podría afectar la lucha contra el terrorismo, la cual debe ser «una prioridad absoluta».

«También creemos que debemos continuar con nuestros esfuerzos en estrecha cooperación con las diversas instituciones implicadas, las instituciones africanas, para poder llegar a una solución que esté directamente relacionada con las aspiraciones del pueblo maliense», agregó.

Expertos analistas creen que Bamako debe recuperar pronto la paz y el orden democrático, pues hay fuerzas extremistas islamistas que ya están presentes en la zona, y tratarán de aprovechar para ganar terreno durante el caos.

Desde 2012, este país se ha visto golpeado en varias oportunidades por enfrentamientos con los extremistas islámicos, provocando incluso una intervención militar francesa en 2013, que logró expulsar a los yihadistas de los principales pueblos y ciudades.

Naciones Unidas tiene en la región más de 15.000 soldados que se mantienen en alerta gracias a la cooperación de recursos franceses, alemanes, italianos y estadounidenses, con un gasto aproximado de mil millones de euros por año.

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