#EspecialVPItv | Venezuela: el país de la inseguridad alimentaria

Venezuela-Nutrición

Dentro de todos los aspectos involucrados en la crisis venezolana, el de la alimentación podría ser considerado como el más grave. En su más reciente informe, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) indicó que casi 9,3 millones de venezolanos padecen de inseguridad alimentaria y que 2,3 millones entran en la categoría de “inseguridad alimentaria severa”.

Por su parte, la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (Encovi) 2020 concluyó que “el 74% de los hogares (venezolanos) tiene un grado de inseguridad alimentaria entre moderada y severa”. El sondeo indica además que “el consumo nacional promedio de proteínas es sólo el 34,3% del requerido».

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Con tales datos como telón de fondo es posible afirmar que los problemas alimenticios padecidos por la mayoría de los venezolanos podrían dejar una huella negativa en toda una generación de habitantes. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que “una mala nutrición puede reducir la inmunidad, aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, alterar el desarrollo físico y mental, y reducir la productividad”.

La comida cuesta más de lo que se gana

Gretty Blanco es manicurista, vive en La Candelaria, junto a su hija de 23 años, quien no se encuentra trabajando. Como gran parte de la población, vio sus ingresos afectados por la pandemia del Covid-19.

Gretty forma parte de aquellos venezolanos que “viven al día”. Por ese motivo, la cuarentena ordenada por Nicolás Maduro redujo considerablemente su entrada de dinero y su poder adquisitivo.

“Antes (…) podía hacer entre 10 dólares y 15 dólares diarios, trabajando cinco días a la semana. Desde que empezó la pandemia, si hago 20 dólares en toda la semana es mucho. Afortunadamente, nunca he dejado de comer bien, dentro de lo que cabe”, comenta la mujer.

Blanco recibe bolsas de comida, gracias al programa que adelanta la administración de Nicolás Maduro a través de los Comités Locales de Alimentación y Producción (Clap). A pesar de ello, la manicurista está obligada a comprar carne de pollo y de res, artículos que no son distribuidos, de manera frecuente, por los Clap.

En Venezuela, un país en el que el salario mínimo integral es de 3,10 dólares (según el cambio oficial), la canasta alimentaria sólo en la ciudad de Caracas tiene un costo cercano a los 20 dólares.

Lo anterior corrobora lo expuesto por la Fundación Bengoa en su informe de 2012. Ese reporte concluyó que para el período 2005-2010 el consumo diario de calorías en Venezuela ya era menor al recomendado para el país.

Igual dictamen fue el de la Encovi 2020. Según los realizadores del estudio, “79,3% de los venezolanos no tienen cómo cubrir la canasta de alimentos”.

Promesas vacías 

A pesar de que el fallecido presidente Hugo Chávez prometió acabar con la pobreza y con los niños de la calle, en su primer discurso como primer mandatario en 1998, ambos males siguen presentes años después.

Por su parte -- y durante el año 2016 -- Nicolás Maduro (el heredero de Chávez) creó los Clap. Su objetivo, según dijo, era romper «los mecanismos de parasitismo de los bachaqueros, de la especulación y del robo al pueblo”, con la finalidad de garantizar la seguridad alimentaria.

Sin embargo, tal y como ha demostrado una investigación conducida por autoridades estadounidenses, los Clap, lejos de acabar con el hambre en Venezuela, sirvieron de fachada para construir una red de corrupción que ha saqueado las arcas venezolanas y enriquecido a buena parte de los involucrados con la administración de Maduro.

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