Caracas celebra 450 en medio de protestas y el sueño de libertad

Patrizia Aymerich.– La de los «techos rojos», la de la «furia», la «sultana del Ávila», «la cuna del Libertador». Una mezcla de misticismo, historia y naturaleza envuelven a una ciudad que hoy cumple 450 años, y lo celebra reclamando libertad, envuelta en una serie de protestas contra gobierno y manchada de sangre por la violencia. Así es Caracas.

«Un lugar de paso», dijo una vez el dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas. Quizás también de paso para los que habitan en ella. El paseo Caracas-La Guaira por la autopista inaugurada en 1953, hacia el aeropuerto internacional Simón Bolívar, sigue siendo la vía principal de salida del país.

«Conviene recordar a veces

Que se trata de un valle y de unas gentes

Y de un lugar de paso»

—José Ignacio Cabrujas

«Ciudad de despedidas», la apodaron en 2012 un grupo de estudiantes en un intento de documental hipster que -para mal o bien- desataba la conversación sobre el abandono de la tierra natal producto de una agravada crisis general propiciada por el Estado venezolano. 693.789 venezolanos -más de las esperados- levantaron la mano en el exterior el pasado 16 de julio en la consulta popular convocada por la opositora Mesa de la Unidad Democrática. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, y el Banco Mundial apoyan esta cifra, mientras que otras organizaciones afirman que son más de 2 millones de venezolanos los que han emigrado en los últimos años.

Vacíos también han ido quedando desde 2014 -con el empeoramiento de la economía- algunos estantes en los supermercados, comercios con santamarías venidas abajo, reducción de horarios en centros culturales, y menos lugares para estar y ser ciudad. Una visión de abandono y desecho que contrasta fuertemente con aquel lugar en el que en los años treinta era usual ver a los caraqueños reunidos los domingos en busca de placer y música en el Bar «La Pulmonía», a orillas de la Laguna de Catia, desaparecida en 1939. El mismo lugar en el que el 16 de julio colectivos paramilitares asesinaron de un disparo a Xiomara Scott, e hirieron a otras tres personas que participan en la consulta popular en contra de la propuesta de cambio de Constitución hecha por el Ejecutivo.

Catia01

El mismo Carlos Gardel fue testigo del auge artístico de Caracas cuando llegó el 25 de abril de 1935, y causó una conmoción que se escuchó en todo el continente. Tanto es que en Caño Amarillo, donde bajó el argentino-uruguayo, se creó la Plaza Carlos Gardel con un monumento de bronce en su memoria. Con su cultura trigueña, Caracas estaba destinada a seguir creciendo.

Pronto se convirtió en «la más moderna de América Latina». Gracias al desarrollo de la industria petrolera y al recibimiento de los mejores artistas, entre los años sesenta y ochenta se construyeron grandes edificaciones con innovadoras visiones arquitectónicas y de infraestructura, nunca vistas en otra parte de la región: las Torres del Silencio, o las «gemelas» de 32 pisos (construidas en 1954); las torres de Parque Central, que fueron los edificios más altos de la región hasta 2003; el Metro de Caracas, símbolo de los ciudadanos más civilizados y educados; y El Helicoide, que de ser pensado como un gran centro comercial pasó a estar en manos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional que hoy en día mantiene recluidos a casi 40% de los presos políticos del régimen de Nicolás Maduro, según Foro Penal.

También se edificaron grandes estructuras para el arte y la cultura: el Teatro Teresa Carreño, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas «Sofía Ímber» y el Ateneo de Caracas. La infraestructura de la época se identificada con un sonado brutalismo de geometrías repetidas que en la actualidad son sello de las fotos de Caracas. Eso más algo de colonialismo acabado -y de lo más descuidado por los gobiernos nacionales- y el eminente paisajimo del Ávila que sirve de backing. 

Sigue siendo «la más» pero ya no en la lista de las modernas, sino de las violentas. De acuerdo con el informe anual de la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, Caracas ha sido la metrópolis con la mayor tasa de homicidios en los últimos cuatro años, con 119,87 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Curioso es que en sus contradicciones y mescolanzas, también porta la corona de «la más cara» y «la más barata» del mundo al mismo tiempo. Caracas ha sido lanzada hacia abajo hasta los últimos 10 puestos de las más costosas, a pesar de que hasta hace 10 años estaba en los primeros lugares, gracias a las ignominiosas múltiples tasas de cambio.

“Si el costo de vida fuera calculado mediante el uso de la tasa oficial, Caracas sería más de cuatro veces más cara que Nueva York. Por el contrario, si se aplicaran las tasas del mercado negro, entonces sería casi diez veces más barata que Nueva York”, señaló la Intelligence Unit de The Economist en 2016.

En este affair de amor y dolor, artistas y políticos dedicaron este día un breve homenaje a la «ciudad bendita» si se toma como referencia la canción del artista Roque Valero, una vez protagonista de telenovelas y ahora en la política como diputado vinculado al chavismo, dos quimeras que revisten el drama de Caracas. Otros, le dan sus honores a la que hoy quizás algunos llamarían la urbe de «La resistencia», que ahora lucha por transitar estas calles -donde la compasión suele no aparecer-, pero llenas de libertad.

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