Abusos y desesperación: Esta es la historia de Yuli Ure

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Actualmente pasa sus días en los espacios de un hospital en la ciudad de Barquisimeto, estado Lara, luego que sus hijos decidieran sacarla de su casa y abandonarla a su suerte. Esa es la historia de Yuli Ure, una mujer de 42 años en una silla de ruedas, apostada sobre un mural de la Virgen del Valle.

Gloria Gelvis, una amiga que la ha auxiliado desde entonces, dio testimonio de lo que ocurrió. Yuli regresó a su casa tras permanecer hospitalizada por tres meses debido a una fisura en la cabeza, producto de una caída, tiempo en el que su familia decidió despojarla del inmueble. Ella tiene en su poder los documentos de propiedad, pero de nada le sirven dada su actual condición mental.

La mayor parte del tiempo permanece dopada por el efecto de su medicación. Diariamente relata algunas anécdotas que incluso suenan inverosímiles. Gloria cuenta que un día la encontró sobre heces e inconsciente, y al buscarle una muda de ropa halló un lote de medicamentos entre sus cosas. Presumió la mujer que Yuli quedó en ese estado tras ingerir estos fármacos.

Gloria afirmó que años atrás Yuli era una mujer distinta a quien es. Sin embargo, destacó que su adicción a las pastillas es algo que jamás ha sido tratado debidamente.

“Ella limpiaba y se comportaba bien, siempre que estuviese cumpliendo con su medicación. Un día la encuentro en el piso, que no podía ni hablar y me pregunté si fue producto de las pastillas”, relató Gloria Gelvis.

Yuli ha contado, además, haber sido víctima de abuso sexual, historia que también es puesta en tela de juicio debido a su estado mental. Gloria precisó que esto incluso habría ocurrido dentro de los espacios del hospital de la capital larense.

“Aparentemente, y según cuenta, abusan sexualmente de ella, incluso dentro del hospital. En muchas ocasiones. Allí donde ella está, se le acuestan a un lado y lo hacen, como otras veces dice que tiene su ataque, pero no es más que una pataleta para que le den sus pastillas”, describió Gloria.

Nigún hospital, fundación o casa hogar quiere recibirla, y es Dios a quien esta mujer de 42 años hace llegar su más visceral clamor, así como a quien la escucha y tenga alguna oportunidad de apoyarla.

 

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