Amor de madre: fuente inagotable de fe ante los designios de Dios – Rostros de la Crisis

Pese a las adversidades, la crisis y hasta los diagnósticos médicos poco alentadores, una madre venezolana en el estado Nueva Esparta se aferra a la fe en Dios y a la entereza de su espíritu para cuidar de su hija Paola, de 29 años, quien padece de una parálisis cerebral y una microcefálea severa.

Los días de Ismelia Suárez transcurren en su humilde casa, en medio de sacrificios y la devoción para velar por su hija. Cuenta con la ayuda de uno de sus hijos mayores, un pescador que asumió los gastos de la familia.

Debido a la parálisis que padece Paola, pasa sus días postrada en el sofá de su casa. Esto abate de vez en cuando a su madre, al ver que muchos niños pueden disfrutar de su infancia: corriendo, jugando, compartiendo.

“A veces me siendo mal y triste porque veo niños que corren y juegan, pero ella no. Una que otra vez lloro, pero bueno, estas son cosas del Señor. ¿Cómo hace uno? Contra Él no se puede luchar. Claro, me ha dado fuerza y aguanto, porque es mi hija. la amo y la quiero con todo. En algunas ocasiones dejo de comer para comprarle sus cosas”, confiesa Ismelia.

 

 

Además del complicado escenario que la familia Suárez vive con la condición de Paola, lidian también con el deterioro de su casa. La lluvia hace grandes estragos por las filtraciones y grietas en techo y paredes. Ubicar un pequeño recoveco para dormir es tarea imposible en las noches de diluvio.

Ismelia no ha perdido la fe, pero tampoco está cegada por la credulidad. Destaca que son muchos quienes le han ofrecido ayuda, pero en nada se materializan estas palabras. Su situción es complicada, aún así dice que en nada se aleja o se diferencia de la que padecen sus vecinos.

Parte de las dificultades que sufre la familia es la adquisición de medicamentos para el cuado crónico de Paola. Sumado a esto, el nivel de incapacidad de la joven llevó a su madre a abandonar su empleo y gran parte de sus actividades fuera de casa para cuidarla a tiempo completo.

“Ella convulsiona y debe vivir con un trabamiento de por vida. Ella toma ácido fólico, sulfato ferroso, porque a ella se le baja la tensión. Me dijeron que ella viviría por 15 años, pero todavía está viva. Debe ser por el cuidado que tiene 29 años. Yo me he esclavizado para cuidarla debido a su parálisis cerebral”, revela Ismelia.

 

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