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Resiliencia y vocación producto del dolor: así nació la fundación «El Niño Mágico»

Esa enfermedad sin piedad que es el cáncer se cobró el pasado 23 de septiembre la vida del Ian Hernández, haciendo de ese día el más oscuro de la vida de sus padres, Frank Hernández y Aurys Manzanares. Ambos hicieron lo «humanamente posible» para tratar de arrancarles a la muerte de sus garras la vida del pequeño, de apenas cuatro años.

 

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Esa batalla, esa puja abanderada por el amor de padres frente al cáncer, llevó a la familia Hernández Manzanares a Caracas, específicamente al hospital JM de Los Ríos, donde era el único sitio en el que Ian podía ser operado por un cáncer de riñón, posibilidad que en su natal Falcón era menos que una ilusión.

Los médicos tanto de la ciudad de Coro como Punto Fijo demostraron intención de operar a Ian debido a la urgencia del caso, relata su madre, Aurys. Sin embargo, ningún médico se atrevió a asumir la responsabilidad de intervenir al pequeñito, dejando así la cirugía en Caracas como la única opción.

«Nos mandaron a Caracas, donde fue que realmente vivimos un infierno», contó Frank Hernández a Rostros de la Crisis. Detalla la pareja que el no saber cómo trasladarse en la capital de Venezuela fue uno de los muchos factores adversos para salvar a Ian, quien fue enviado al médico el 13 de septiembre tras una repentina pérdida de apetito.

 

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El traslado a Caracas fue otro de los periplos de la familia debido a la delicada condición de Ian. Una aeroambulancia era el transporte ideal, pero fue una ambulancia la única alternativa para llevarlo. La travesía se volvió más compleja por el tiempo de viaje y el de oxígeno con el que contaba Ian.

Bolsas de sangre, plaquetas y plasma se sumaron a la lista de requerimientos para operar a Ian en Caracas. El alto costo particular de los recursos complicó mucho más el panorama de la familia Hernández Manzanares, hasta que el 23 de septiembre el pequeño dejó a sus padres.

 

«El Niño Mágico»: ayuda para los más pequeños en honor a uno de ellos

La pérdida de Ian llevó a la pareja a un momento de reflexión, y de allí nació la fundación «El Niño Mágico», cuyo objetivo consiste en crear una red de apoyo para los niños con una situación similar o más compleja que la de Ian. El nombre surgió por todo el apoyo que el pequeño en vida.

«Toda la ayuda que pedimos para él aparecía como arte de magia. Recibimos mucho apoyo, y desde allí le decíamos a él ‘El Niño Mágico’. ¿Y qué mejor manera de honrrarlo que colocarle este nombre a la fundación? Queríamos retribuir todo lo que recibimos, y también vimos lo que pasan los padres con esta situación», compartió Aurys.

Frank, por su parte, dice que lo vivido les sirvió de inspiración para «transformar todo ese dolor en amor. Sino, no sabríamos cómo nos hubiésemos repuesto».

 

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