#OPINIÓN | Ayuda médica internacional a Italia: ¿solidaridad o propaganda?, por Alessandra Pinna

Desde finales de febrero, Italia ha estado lidiando con uno de los brotes más graves de COVID-19 en el mundo. Hasta la fecha, Italia ha tenido el mayor número de muertes en Europa, a pesar de las medidas de mitigación extremas, incluido un bloqueo nacional que se impuso el 10 de marzo.

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Este sufrimiento inusual en una próspera democracia europea ha atraído la atención de los poderes autoritarios, representando para ellos una oportunidad única de insinuar la superioridad de sus sistemas y resaltar el fracaso de las alianzas tradicionales al ofrecer su asistencia. La entrega de suministro médicos y otra ayuda más que necesaria de China, Rusia y Cuba ha sido vociferada ante el público italiano, alimentando una narrativa que señala a Europa por su falta de solidaridad durante la crisis. Sin embargo, al analizar rigurosamente los eventos que han tenido lugar en los últimos dos meses, queda claro que las iniciativas de ayuda de los sistemas autoritarios tienen más que ver con el uso de la propaganda por parte de estos regímenes que con principios de solidaridad.

Ayudas repentinas, engañosas y egoístas

A medida que la gran cantidad de contagios colapsó el sistema de salud italiano, China, Rusia y Cuba respondieron inmediatamente con acciones concretas de atención a la emergencia. El 13 de marzo, China envió por primera vez nueve médicos y 30 toneladas de equipo sanitario. Se enviaron médicos y suministros adicionales en varias tandas durante las siguientes semanas. El 22 de marzo, una brigada médica cubana de 37 médicos y 15 enfermeras llegó a Lombardía y cuatro días después, el gobierno ruso organizó al menos 15 vuelos militares con suministros sanitarios, productos farmacéuticos y personal médico militar, incluidas las tropas de protección nuclear, biológicas y químicas.

En lo que respecta a China, la propaganda comenzó creando confusión entre los suministros comprados y los donados. Además, los envíos a Italia representaban la oportunidad perfecta de anular la narrativa existente, pasando así del país implicado en el origen y censura sobre la pandemia, a nación líder en la lucha contra el COVID-19. La propaganda oficial se ha visto amplificada por las campañas de desinformación en las redes sociales: los videos de italianos agradecidos que cantan el himno nacional chino desde sus balcones se han vuelto virales y los tuits que usan los hashtags #GrazieCina y #forzaCinaeItalia han sido promovidos artificialmente – 37% y 46% de estos respectivamente se probó que fueron generados por bots. Estos esfuerzos han alcanzado su objetivo. De hecho, una encuesta de SWG encontró que en marzo el 52% de los italianos consideraban a China como una nación amiga, mientras que en enero era sólo del 10%. Al mismo tiempo, los medios chinos manipularon las palabras de un médico italiano para afirmar que el coronavirus se originó en Italia y no en Wuhan.

Por su parte, el programa de ayuda de Moscú, titulado “De Rusia con amor“, presenta todos los elementos sospechosos de una operación de propaganda que es todo menos suave. Teniendo en cuenta que el equipo donado llegó en aviones militares y estuvo acompañado principalmente por personal militar, muchos observadores sugirieron que el objetivo era ubicar a los agentes rusos en Italia, o simplemente establecer las condiciones geopolíticas favorables para crear fricciones entre Roma y sus aliados de la OTAN. Fuentes políticas de alto nivel informaron que hasta el 80% del equipo transportado desde Rusia demostró ser inútil y que había sido utilizado como pretexto para operaciones de inteligencia. Después de que el periódico La Stampa publicara información sobre posibles implicaciones ocultas de la ayuda de Moscú, un portavoz del Ministerio de Defensa ruso amenazó abiertamente al periodista y al medio en una declaración escrita. Considerando la gravedad de esta intimidación, varios miembros de diferentes partidos de espectro político denunciaron las declaraciones e instaron a una disculpa del gobierno ruso.

La brigada de médicos y enfermeras cubanos que llegaron blandiendo una foto de Fidel Castro fue probablemente la delegación más calurosamente recibida por medios y políticos italianos. Sin embargo, la diplomacia médica de La Habana tiene una historia complicada que merece una cuidadosa revisión. Si bien el gobierno cubano promueve su programa médico internacional como un modelo ejemplar de solidaridad a través de las fronteras con las personas más vulnerables, más de un centenar de desertores médicos han presentado sus testimonios como parte de una denuncia ante la Corte Penal Internacional que informa sobre condiciones de trabajo bajo métodos de esclavitud moderna. Según la denuncia, la mitad de los médicos no decidieron voluntariamente unirse a las misiones y la mayoría de ellos ni siquiera sabía cuál sería el destino. Una vez que llegaban a sus destinos, sus pasaportes fueron confiscados por funcionarios cubanos, casi todos los cuales estaban monitoreados por personal de inteligencia cubano y sometidos a solicitudes de información. Finalmente, según se logró conocer, entre el 75% y el 90% de los salarios pagados por los países anfitriones fueron retenidos por las autoridades cubanas.

Respuestas a largo plazo de socios democráticos

Si bien las misiones de China, Rusia y Cuba han atraído mucha atención de los medios, los aliados democráticos de Italia también han comenzado a proporcionar ayuda. Aunque Francia también ha sido duramente afectada por el coronavirus, París ha donado un millón de máscaras y 20,000 trajes protectores. Alemania ha reservado 85 camas de cuidados intensivos para pacientes italianos y ha entregado siete toneladas de equipos médicos, incluidos ventiladores y máscaras. Hasta la fecha, los países europeos han donado más suministros médicos a Italia que China. Otros países como Albania, Noruega, Polonia y Rumania han enviados equipos de médicos y enfermeras para apoyar el sistema sanitario italiano. Desde Estados Unidos llegó un hospital de campaña con ocho unidades de cuidados intensivos y el presidente Trump ha anunciado que enviará $ 100 millones en suministros médicos. Finalmente, los ministros de finanzas de la Unión Europea acordaron recientemente un paquete de rescate de 500 mil millones de euros para los estados miembros gravemente afectados por COVID-19, aunque aún no se han definido muchos detalles.

La asistencia otorgada por de los socios democráticos tradicionales ha sido bien recibida, pero puede haber llegado demasiado tarde para corregir rápidamente la falsa narrativa de que China, Rusia y Cuba son socios más responsables y confiables. La idea de que los aliados europeos fueron forzados de alguna manera por las circunstancias y no pudieron mostrar solidaridad cuando más se necesitaba fue amplificada por los políticos italianos euroescépticos. Datos de la encuesta SWG indican que la confianza de los ciudadanos italianos en la Unión Europea ha caído al 27% en comparación con el 42% en septiembre del año pasado.

Sin embargo, el resultado final de la pandemia estará determinado por las medidas tomadas hasta ahora, pero también de las decisiones que se escojan a partir de este momento. Los países europeos, en asociación con las otras democracias, deberían responder a la emergencia mundial promoviendo esfuerzos genuinos y coordinados para desarrollar y producir tratamientos y vacunas, apoyar a los trabajadores y las economías en dificultades, así como defenderse de las campañas de desinformación dirigidas a la desestabilización política y la división social. Se necesita una acción inmediata para evitar una crisis más profunda que los actores autoritarios puedan explotar. La unidad democrática basada en los valores de transparencia y rendición de cuentas es imprescindible no sólo para organizar una respuesta efectiva ante la pandemia, sino también para preservar la libertad en un momento de gran vulnerabilidad.

Para leer el artículo original, cortesía de: https://freedomhouse.org/es/article/ayuda-medica-internacional-italia-solidaridad-o-propaganda

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