El engaño, la falsedad, las verdades a medias y la manipulación son características comunes de las fake news en esta era de redes sociales y comunicación instantánea. Sin embargo, este fenómeno no es nuevo; la intención de manipular la información ha existido desde los albores de la humanidad, como lo evidencia el Incendio de Roma y la acusación de Nerón a los cristianos.
El investigador español Carlos Salas Abad señala que la primera fake news de la historia contemporánea se publicó en 1835 en el periódico The Sun de Nueva York, afirmando la existencia de seres vivos en la Luna. Este engaño tuvo un gran impacto, aumentando las ventas del medio durante varias semanas.

Desde entonces, el objetivo de las fake news ha sido lucrar o alcanzar metas sociales o políticas mediante la manipulación de audiencias. Aunque la intención no ha cambiado, los canales de divulgación sí lo han hecho. Las redes sociales han amplificado enormemente el alcance de las fake news, llegando a un público mucho más amplio que el de todos los medios tradicionales juntos.
El término fake news se popularizó durante la campaña presidencial estadounidense de 2016. Donald Trump acusó a los medios de tergiversar y manipular información, y desde entonces, varias instituciones han advertido sobre el peligro del uso de fake news como una estrategia para destruir la imagen política del adversario y manipular el voto.
Las fake news representan un peligro significativo en la estrategia política moderna. La capacidad de las redes sociales para viralizar información ha potenciado su impacto, manipulando opiniones y decisiones electorales.
Es crucial que la sociedad tome conciencia de esta amenaza y desarrolle habilidades críticas para identificar y combatir la desinformación. La veracidad y la integridad de la información deben ser prioridades para preservar la democracia y la confianza pública.


