Autoridades de la ciudad de Minsk, en Bielorrusia, detuvieron a más de un centenar de manifestantes durante la tradicional marcha opositora de los domingos contra el presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko.

La policía que detuvo a los participantes en la marcha por todo el centro de la capital bielorrusa aplicó cañones de agua, gas pimienta y granadas aturdidoras contra ellos.

En algunos lugares de la ciudad se produjeron enfrentamientos violentos entre efectivos de seguridad y grupos de jóvenes.

Bajos salarios, retraso económico y el mismo gobernante desde hace 26 años. Bielorrusia está pasando por una crisis sociopolítica luego de las últimas elecciones del mes de agosto, que obligó a su máxima contrincante, Svetlana Tijanóvskaya, exiliarse en Lituana por acusar a su gobierno de fraude electoral. Esto ha generado múltiples manifestaciones y crueles enfrentamientos con las fuerzas policiales y los civiles.

Pero Tijanósvskaya no llegó al puesto que está de la nada. Está casada con el activista político y youtuber, Serguéi Tijanovski, quien en mayo de este año había anunciado su candidatura a la presidencia, pero que luego fue apresado por su nivel de convocatoria en la población bielorrusa. Ante las medidas de privativa de libertad, Svetlana Tijanóvskaya decidió tomar el puesto de su marido y hacer campaña electoral. Para el 14 de julio, ya se había postulado como candidata independiente y recibió apoyo de varias personalidades importantes en el país.

Pero antes de meterse a la política, ¿quién era Svetlana Tijanóvskaya?

Nació el 11 de septiembre de 1982 en el suroeste de Bielorrusia, en una zona llamada Mikashévichy. En su niñez vivió la lamentable explosión de Chernobyl y fue parte del grupo de niños que tuvo que migrar temporalmente por las consecuencias de las radiaciones directas o indirectas que provocó el accidente. En Irlanda pudo aprender inglés y trabajar en una fábrica de carne, conocimiento que la llevará en el 2.000 a estudiar en la Universidad Estatal Pedagógica de Mazyr en Filología Inglesa y que le permitió trabajar como profesora de inglés y traductora en la segunda ciudad más grande de esa nación, Gomel.

En Gomel conoció a Tijanovski, quien era propietario de una discoteca y con quien se casó y tuvo dos hijos -el mayor con problemas de audición de 10 años y su niña de cinco-, quienes actualmente se encuentran en un país de la Unión Europea con su abuela ante las amenazas de muerte que recibió Tijanóvskaya al postularse como candidata a la presidencia.

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Ante su postulación, Aleksandr Lukashenko aseguró que su país no estaba listo para tener una mandataria mujer, aunque su fuerza opositora estaba compuesto por tres de ellas, involucradas en la defensa de los Derechos Humanos y que recorrieron todo el país europeo oriental haciendo campaña: María Kolésnikova, y Veronika Tsepkalo. Estas otras dos mujeres han sido atacadas por la posición política de sus esposos y han sufrido las medidas de agresión por parte de la administración de Lukashenko.

Desde su separación de la Unión Soviética, en 1994, Bielorrusia tiene el mismo presidente. Y, a pesar de sus promesas de progreso, la economía y la falta de oportunidades, han generado un descontento en el ciudadano promedio. Esto se agudizó con la pandemia del nuevo coronavirus, que no solo dejó víctimas mortales, sino que también un sistema sanitario en el limbo.

Sin embargo, la liberación de su esposo, el deseo de democracia y la separación de Moscú ha sido uno de los motivos más importantes para ganar los comicios. En sus compromisos como candidata, ha prometido amnistía para los presos políticos y la realización de nuevas elecciones en seis meses. «Hago esto por mi marido y por la gente que le siguió y que siempre le creyó», dijo.

Para el 9 de agosto, se llevaron a cabo las elecciones y con ello un apagón de conectividad del internet. Cuando esto volvió, los resultados dejaron sorprendidos a todos: 80% a favor de Lukashenko y 9,9% a su contrincante. Con esto, la mujer tildó como fraude electoral los comicios, que conllevó a múltiples protestas y desató la brutalidad policial hacia los manifestantes en distintas zonas del Bielorrusia.

Durante las protestas, Tijanóvskaya duró siete horas detenida por las fuerzas policiales, obligandola a salir de su país y exiliarse en Lituania. «Estoy lista para asumir mis responsabilidades y actuar como líder nacional», afirmó en un vídeo mediante el cuál narró que había ganado las elecciones con 60% de las papeletas. Asimismo, instó a la Unión Europea a apoyar el despertar de su país y rechazar los resultados de la elección.

Hoy en día, Svetlana Tijanóvskaya tiene 37 años y hace ecos de democracia desde Lituania  para que sus hijos puedan a desarrollarse en libertad y sin miedo en una nueva Bielorrusia.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, aseguró, este jueves, que su país podría enviar fuerzas de seguridad a Bielorrusia, en caso de ser necesario.

El primer mandatario ruso informó sobre esa posibilidad durante una entrevista con la televisión pública.

«Alexandr Grigórevich (patronímico del presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko) me pidió formar un contingente de miembros de fuerzas del orden. Y lo hice. Pero acordamos también que éste no será utilizado mientras la situación no se descontrole», dijo Putin.

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El jefe de Estado admitió que su homólogo bielorruso le pidió ayuda, a raíz de las masivas protestas que estallaron el domingo, 9 de agosto, en rechazo a los resultados de las elecciones de ese día.

Según los datos oficiales, los comicios fueron ganados por Alexandr Lukashenko, a quien se le considera como el último dictador de Europa.

Hace más de una semana, Bielorrusia ha sido protagonista de movimientos sociales antigubernamentales desde el pasado 9 de agosto que su presidente, Aleksandr Lukashenko, resultó elegido por sexta vez. Las acciones de la sociedad civil produjeron un muerto, más de 7.000 detenidos, 200 heridos y el exilio de la líder de oposición, Svetlana Tikhanovskaya.

Pero, ¿por qué se llegó a este punto?

Aleksandr Lukashenko es el primer y único presidente de Bielorrusia desde que se separó de la Unión Soviética en 1994, pero que al final estuvo conectado con ideales y los partidos comunistas. Incluso, fue el único que voto en contra de la disolución de la URSS en su momento.

Las empresas, los medios de comunicación, los cuerpos de seguridad, la militancia, entre otras organizaciones, no cuentan con la autonomía necesaria de una democracia y con respecto a su economía, la mayoría de las empresas son propiedades del Estado bielorruso. Parte de los mensajes nacionalistas del Ejecutivo es no permitir influencias extranjeras en su país.

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No obstante, desde el año pasado, la población de ese país ha expresado su descontento por la represión policial, la corrupción de su gobierno y la baja calidad de vida. A esto se le suma la pandemia del nuevo coronavirus y las falsas recomendaciones del mandatario con sus habitantes sobre combatirlo con alcohol y trabajo duro, como sus medidas relajadas de prevención.

Foto: Reuters

Sobre las seis veces que Lukashenko ha resultado electo de su país, la organización para la Seguridad y Cooperación Europea ha considerado que ningún evento electoral ha sido democrático. En especial, porque sus opositores han terminado detrás de las rejas y en el exilio.

Al constatar la pobreza y la baja calidad de vida, tres mujeres se unieron para hacer de frente a la administración de Aleksandr Lukashenko: Svetlana Tikhanovskaya, Maria Kolesnikova y Veronika Tsepkalo. Ellas depositarían confianza en el bielorruso frustrado por un cambio político y económico en el país.

Cuando llegó el día de las elecciones, el 9 de agosto, un apagón en las conectividades de internet suspendieron los comicios. Cuando volvió la conexión, 80% de los votantes eligió a Lukashenko como su presidente y generando molestia en sus contrincantes que aseguraban haber ganado con el 60% de los votos.

Foto: AFP

El presunto fraude electoral provocó enfrentamientos en las calles de la capital, detenciones, un muerto y hasta Tikhanovskaya tuvo que exiliarse en Lituania por estar arrestada siete horas por las autoridades de seguridad.

Pero las dificultades en las elecciones no solo fueron motivo para que los bielorrusos protestaran en contra de su gobierno. Durante los arrestos por las manifestaciones, se denunció la brutalidad policial que generó más descontento a las instancias internacionales, los sindicatos y sociedad civil.

Esta crisis política y social que padece en este momento Bielorrusia ha hecho que varios funcionarios renuncien a sus cargos y que las protestas se mantengan más viva que nunca. No es la primera vez que este país sufre crisis de esta magnitud, 25% de su población falleció durante la segunda guerra mundial y en 1986, durante el desastre de Chernóbil, 70% de la lluvia radioactiva cayó en su territorio, afectando el sector rural y agrícola.