Entre la displicencia, la intolerancia y los antivalores crece el cyberbullying

El bullying en las redes sociales no es muy distinto del que se puede sufrir de manera personal, de acuerdo con lo considerado por varios expertos, quienes insisten en que es necesario, entre otras cosas, crear conciencia sobre el impacto y la dimensión que este puede llegar a alcanzar, especialmente en el ciberespacio.

Aproximadamente 59% de los estudiantes en países como Estados Unidos fueron víctimas de ciberbullying en el año 2019, según datos del Centro Nacional de Estadísticas Educativas (NCES por sus siglas en inglés) y citados por la cadena de noticias anglohispana Univisión.

Estos datos subrayan que uno (1) de cada 20 adolescentes experimenta el suicidio. Sin embargo, y sobre esto último, especialistas insisten en que el acoso no es el único detonante que coadyuva a dar paso a este flagelo, como por ejemplo alguna mentales, problemas para hacer frente a su condición o disfuncionalidad familiar.

 

Manejo de las emociones: el primer anillo de seguridad contra el cyberbullying

Una de las principales consecuencias del daño que deja el cyberbullying, así como su forma corpórea, es impacto psicológico y emocional que este deja. Ante esto, ¿es posible tener o contar con herramientas para manejar toda la marejada psicoemocional que esta “práctica” conlleva?

Uno de los elementos que podría ser útil para el control sobre las emociones que siente una persona víctima de bullying pudiera ser la Programación Neurolingüística (PNL). Sobre este recurso, el especialista Fabián Tejada indica que esta provee herramientas que ayudan a la persona a mantener el control.

“Lo primero que debemos entender al hablar de PNL es que puedes tener manejo de tus pensamientos y emociones, con lo cual podrás tener control sobre tus hábitos y comportamientos, y podrás tener mejores resultados. Porque todo en nuestro exterior han sido concebidos primero con la mente y luego con las emociones”, explicó Tejada.

¿Pero cómo las personas pueden manejar este bombardeo de improperios y críticas? ¿A qué se deben y cómo aún no ha sido posible dar con la causa precisa del bullying y el cyberbullying?

 

 

 

Las causas y factores de este pueden ser tan diversas como los tipos de personas o grupos que lo practican. Para la psicóloga Edith Shiro, lo que origina este tipo de abuso puede ser inadvertido a primera vista, además de estar posiblemente asociado con traumas o episodios tempranos de la vida.

“La cultura aceptada, por ejemplo, en Estados Unidos, sobre el bullying, burla y discriminación, muchas veces pasa por debajo de la mesa y causa reacciones muy fuertes en algunas personas, y son activadoras de traumas tempranos y fuertes. Esto hay que evidenciarlo mucho más, porque son cosas que no se pueden eliminar tan fácilmente”, precisa Shiro.

Particularmente en el caso del cyberbullying, uno de los principales catalizadores es la sobrexposición y el escarnio de la persona que es tomada como víctima. Esto, precisa Shiro, hace que las reacciones y las consecuencias lleguen a niveles desproporcionados.

“En el caso de nuestros adolescentes, ellos están bajo esta lupa de las redes, en las que todo el mundo está expuesto, con selfies, y se sabe todo lo que sucede y no sucede en el mundo. Ante esto, creo que las reacciones se vuelven mucho más exageradas y desproporcionada por el alcance de las consecuencias, que incluso pueden ser globales. Y esto genera más presión y ansiedad”, sentencia.

 

 

 

Redes sociales como catalizadores de cambios positivos y negativos

El rango de expansión que tienen las redes sociales y el daño que causa el cyberbullying por su sobreexposición mediante redes sociales han llevado incluso a la demonización de las plataformas digitales. Esto último, sin embargo, es un punto cuestionable debido a que estas, en muchos casos son herramientas. Tal es el caso del sociólogo Dagoberto Itriago.

“Las redes tienen su lado malo, con estos efectos persuasivos en la conducta, pero también tiene uno bueno, con relación al marketing de la economía e incluso en los mismos medios de comunicación. Son prácticamente motores y creadores de opinión”, precisa el experto radicado en España.

La postura de Itriago sobre el uso de las redes sociales y cómo este puede ser un paliativo o aditivo para el bullying también la comparte la influencer Nina Guimerá, quien también ha sido víctima de este flagelo a través de las plataformas digitales.

Nina insiste en que se ha injertado la normalización del bullying y el cyberbullying en la cultura, al menos latinoamericana, a través de la eufemización, lo cual le resta la importancia que tiene.

“En nuestros países lo hemos dejado pasar como ‘ay es un chiste, no es nada personal’, pero poco a poco el chiste se ha hecho un poco más cruel, y las personas estamos más susceptibles a todo lo relacionado a nuestro físico, aspectos y debilidades. Entonces dije, ‘¿de qué manera puedo usar mis redes, para además hacer chistes, moda?’”.

 

Amor propio, autoconfianza y autoestima

El manejo de las emociones, bien sea con PNL o algún otro recurso, debe ir acompañado con un trabajo psicológico que incluya el cultivar el amor propio, fortificar la autoestima.

“Empecé a trabajar con la fundación NVEE (voces nacionales por la igualdad y la educación) para ver cómo podemos trabajar en empoderar a los niños, porque no podríamos erradicar a los bullying, sino cómo empoderarlos, hacerlos sentir bien y seguros de sí mismos.

Nina afirma que en las redes sociales se reciben todo tipo de improperios y la exposición a todo tipo de escenarios de escarnios y humillaciones. También advierte que el cyberbullying, a veces, no conoce límites.

“Hay gente que escribe mucha porquería en redes sociales, cosas que quizás no son ciertas, pero una mentira dicha mil veces como que se te convierte en verdad. Me sometí a un procedimiento bariátrico para erradicar la gordura, pero me di cuenta que el bullying no iba a acabar. Ya no era mi peso, ahora era la flacidez de mi piel. Esto no es algo que no va a parar. Esto es algo que nos tiene que empoderar a nosotros mismos para estar firmes”.

 

 

“Además del acoso, me deprimía mucho, pero afortunadamente las cirugías bariátricas vienen con ayuda psicológica. Gracias a esa persona y también a mi pareja he podido canalizar y llevar mis emociones. Las palabras positivas te van empoderando y dándote confianza. No hay persona perfecta. Eso es lo que también trato de exponer en mis redes, porque vemos tanta ola de influencers que son perfectos, que tienen los viajes y la vida perfecta, y eso llega a deprimir”, confesó la influencer.

Itriago ahonda más en este punto, específicamente en la percepción que tienen los bullies o cyberbullies de sí mismos.

“Esto está asociado, evidentemente, al desarrollo de la personalidad. Si hay un proceso de socialización en el cual los valores no están bien inculcados y no versan sobre la seguridad, sobre el autoestima de estas personas, pues resulta evidente que esta traslade este tipo de cosas a la hora de interactuar con las redes sociales”, explica el sociólogo.

Por su parte, Shiro recalca que la sobreexposición en redes llega a establecer ciertos cánones sociales que conllevan, en ocasiones, a comparaciones entre usuarios, lo cual también fomenta el acoso en el ciberespacio a quienes no encajan en estos moldes.

“Las redes sociales lo que hacen es fomentar la comparación constante entre quien es y qué hace una persona y quien es o hacen los demás. Y en el caso de la adolescencia, por ejemplo, lo que hacen los pares resulta importante. Cuando hay una constante comparación sin una guía ni valores realmente definidos, esta influencia es distorsionada”

“En el caso de nuestros adolescentes, ellos están bajo esta lupa de las redes, en las que todo el mundo está expuesto, con selfies, y se sabe todo lo que sucede y no sucede en el mundo. Ante esto, creo que las reacciones se vuelven mucho más exageradas y desproporcionada por el alcance de las consecuencias, que incluso pueden ser globales. Y esto genera más presión y ansiedad”, expone la psicóloga.

 

Tolerancia, respeto y empatía en primer lugar

Para la psicóloga clínica Neyda Lugo, el punto de partida para empezar a darle un final a flagelo de bullying y el cyberbullying parte desde casa, a través de la construcción de una serie de valores que tengan como punto de partida la tolerancia, el respeto y la empatía.

“Debemos fomentar lo que es el bullying para que no siga sucediendo, pero también se deben fomentar más valores. A nivel social los valores se están perdiendo, entonces no hay respeto, empatía ni solidaridad. Son cosas positivas que debemos difundir para que las personas puedan reconocerlas”, indica Lugo.

 

 

Pero estos valores no solamente deben practicarse entre y para con extraños. El trabajo, insisten Shiro e Itriago, empieza taxativamente desde casa, la familia, siendo este la primera conexión social que tienen las personas, y consecuentemente el círculo social de las personas fuera del hogar, como amigos o conocidos.

“Es importante tener en cuenta el tipo de personas con las que se relaciona, entre ellas las amistades, saber qué tipo de cosas e intereses en común tienen entre ellas. Si en la familia hay problemas estructurales, económicos, o menosprecio, conflicto, esto forma parte de la personalidad del individuo. Esto es algo que debe resolverse”, destaca Itriago.

Por su parte, Shiro agrega que “los estudios demuestran que, desde la infancia/adolescencia, una conexión segura, firme y de confianza con un adulto es lo que realmente genera más confianza en sí mismo. Es importante que la persona crezca con esto, bajo ese clima de armonía y estabilidad”.

Esta afirmación también la apoya la activista española, Salud Alarcón Abad, cuya hija también fue víctima de bullying en un colegio y del cual tuvo que retirarla ante la displicencia de las autoridades académicas. Ella insiste en lo primordial que es la educación en casa, y que esta tenga como norte el respeto incluso en el vocabulario que en el hogar se maneja.

“La educación se imparte en el hogar. Si en casa no se acostumbra a decir malas palabras o insultos, así se irá criando esa persona, pero si se normalizan los insultos, las agresiones o los adjetivos, fuera de ella se replicará esta conducta”, sentencia la activista.

 

 

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