Salinas de Araya: la riqueza de Sucre destruida por la revolución

La empresa salinera se encuentra paralizada y en ruinas tras una alianza fallida entre gobierno regional y empresa privada.

La localidad de Araya, en el municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, históricamente ha representado una de las zonas salineras más importantes del país. En el municipio existe una laguna natural de sal, y otras artificiales creadas por la empresa salinera del lugar para aumentar su producción.

Anteriormente, estos yacimientos aportaron más del 60% de la sal que se consumía en el territorio nacional, por la reconocida calidad y pureza del “oro blanco” extraído en la entidad.

Una alianza fallida

 

A principios del año 2020, el Complejo Salinero de Araya fue entregado por la gobernación chavista del estado Sucre, a través de la Corporación Socialista de Desarrollo de la entidad (Corposucre), a la empresa privada Alimentos San Ignacio.

Los trabajadores denuncian que la alianza no ha rendido frutos, y la producción ha ido mermando paulatinamente al punto de generar solo 300 toneladas diarias de sal bruta, cuando anteriormente lograban alcanzar más de mil toneladas al día.

Tiempo atrás, la empresa se encargaba de producir, empaquetar y distribuir sal bruta lavada, sal refinada para consumo humano y sal molida para salar pescado, así como también se vendía este mineral para procesos de las industrias petroquímicas, de aluminio, eléctricas, de perforación de pozos petroleros y para tratar el agua. Actualmente, la compañía está paralizada.

Enrique Hernández, trabajador del Complejo, aseguró que desde que San Ignacio tomó las riendas de la empresa no ha existido ningún tipo de inversión en maquinarias ni infraestructura. Hernández aseveró que la explotación de las salinas está siendo manual y con equipos antiguos, esto solo para la extracción de sal bruta.

Según el personal, Hugo Cabezas, representante del consorcio privado, al asumir el cargo se comprometió a invertir en nuevos equipos para reactivar la producción, sin embargo los trabajadores manifestaron que hasta los momentos esto no se ha cumplido.

Richard Castillejos, tornero de la salinera, coincide con los demás empleados en que “si San Ignacio no tiene el músculo para invertir, que rescinda de sus servicios”. Castillejos recordó que el área de producción de la sal de mesa y de molienda estaban operativas cuando se concretó la alianza, pero la directiva las paralizó para invertir en las unidades y así se han mantenido a lo largo de un año y medio. “Sin inversión, sin maquinaria, es muy difícil (…) Desde la alianza todo ha sido desidia” destacó.

Situación de los trabajadores

La empresa les adeuda a más de 500 trabajadores, activos y jubilados, diez años de pasivos laborales. “Supuestamente con la alianza ellos iban a cancelar, y no han hecho el pago, puro acumular (…) tenemos compañeros que se han muerto y no les pagaron” dijo Castillejos.

Cabezas, a su llegada a la gerencia, también se comprometió a mejorar el salario, que actualmente no alcanza los dos dólares mensuales. Sin embargo, hasta ahora, no ha ocurrido.

Los trabajadores señalan que no cuentan con equipos de protección personal, ni para evitar los contagios por COVID-19, así como tampoco con beneficios laborales como el servicio de Hospitalización, Cirugía y Maternidad (HCM).

La principal fuente de empleo se cae a pedazos

La sal, constituye un importante recurso mineral en Venezuela, la historia señala que las Salinas de Araya eran las más representativas del país. En el 2009 se firmó un convenio para constituir la Empresa Socialista Salinas de Araya, para que se convirtiera en una empresa de propiedad social, capaz de llevar a cabo todo el proceso para comercializar la sal, y así aportar a la economía del municipio.

El Complejo Salinero de Araya, representaba la principal fuente de empleo y sustento económico en la península. En la actualidad, la paralización de la compañía golpea los bolsillos de sus trabajadores y acrecienta el hambre de sus pobladores. “Se siente en el estómago, no es fácil” lamenta Enrique Hernández, trabajador del establecimiento.

Esta actividad económica significó un sector importante para el desarrollo de Cruz Salmerón Acosta, de la mano con la pesca, el turismo y la cría de ganado caprino. En la actualidad, rostros tristes y delgados te reciben en un territorio potencia que se cae a pedazos.

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