Tras la orden del presidente Donald Trump de aplicar un “bloqueo total” a los buques sancionados por Estados Unidos, varios petroleros que operaban en rutas hacia y desde Venezuela modificaron su trayectoria, en medio de la creciente presión sobre el régimen de Nicolás Maduro, cuya estabilidad depende en gran medida de las exportaciones de crudo.
Aunque Trump no precisó cómo se aplicaría la medida, las sanciones vigentes ya impedían a empresas y ciudadanos estadounidenses comprar petróleo venezolano sin autorización del Departamento del Tesoro. A esto se sumaba una extensa flota de buques sancionados utilizada por países como Irán, Rusia y Venezuela para mover crudo fuera de los circuitos tradicionales.
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De acuerdo con la firma de inteligencia marítima Windward, al menos 30 buques sancionados navegaban cerca de Venezuela cuando se emitió la amenaza. Tras el anuncio, varios comenzaron a desviarse o reducir velocidad, posiblemente por temor a ser incautados, como ocurrió días antes con el Skipper, retenido por fuerzas estadounidenses.
Uno de los casos más notorios fue el del Hyperion, que se dirigía al puerto de José y terminó girando hacia el norte. El buque había sido sancionado por facilitar ventas de petróleo ruso y posteriormente fue expulsado del registro marítimo de Gambia por presunto uso de certificados falsos. Su estructura de propiedad, distribuida entre compañías offshore, lo convertía en un objetivo vulnerable.
Desde que la primera administración de Trump impuso sanciones petroleras en 2017, el régimen chavista ha recurrido cada vez más a una red de buques clandestinos para mover parte de los cerca de 900.000 barriles diarios que produce el país. Según S&P Global, los buques sancionados transportaron el 18 % de los envíos internacionales de Venezuela en la segunda mitad del año, frente al 6 % registrado en la primera.
A pesar de los desvíos, analistas no prevén un impacto significativo en el mercado global. China, principal destino del crudo venezolano, podría enfrentar retrasos, pero la oferta internacional sigue siendo amplia. Tampoco se han visto afectados los 143.000 barriles diarios enviados a refinerías estadounidenses en la costa del Golfo, transportados en su mayoría por Chevron bajo una licencia especial.
Expertos del sector señalaron que la amenaza de Trump introdujo un nuevo nivel de riesgo para la flota sancionada. Algunos buques decidieron no zarpar desde Venezuela, mientras otros que se dirigían a cargar crudo optaron por regresar. Para los analistas, la medida también podría reducir temporalmente la presencia de embarcaciones en mal estado, consideradas un riesgo ambiental por operar sin seguro y con mantenimiento deficiente.






