Le amputaron la pierna por un mal diagnóstico médico – Rostros de la Crisis

Rostros de la Crisis

Un minúsculo dolor llevó a Francisca Montoya a uno de los tantos ambulatorios llamados Centros de Diagnóstico Integral (CDI), inaugurados durante la presidencia de Hugo Chávez y con los que este, decía, mejoraría la calidad del sistema de salud en Venezuela. Lo que en un principio no parecía una preocupación mayúscula, era el presagio de una consecuencia enorme y permanente.

Actualmente pasa parte de sus días en una silla de ruedas. Francisca, de 76 años, ya no cuenta con su pierna izquierda debido a un mal diagnóstico médico, a un tratamiento incorrecto y a la consulta tardía de una segunda opinión especializada.

“Empecé con un malestar pequeño más arriba del tobillo y se me hizo una úlcera que me curaron los (médicos) cubanos, pero después empecé con un dolor mucho más grande. Solo se me calmaba con un frasco entero de mentol, y esto cada dos días”, comienza Francisca su historia.

 

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Lo insoportable del dolor, cuenta la septuagenaria, la obligó a visitar nuevamente a los galenos en el CDI. Pero en esta ocasión, el ennegrecimiento de uno de sus dedos disparó las alarmas. Frente a este cuadro, le indicaron que el tratamiento a aplicar era un poco de yodo.

Pero los temores de Francisca y su familia fueron confirmados cuando acudieron al Seguro Social, donde le indicaron que se trataba de una emergencia impostergable. Casi inmediatamente es hospitalizada mientras el dolor crecía. “Como a los tres-cuatro días, el doctor decidió que había que amputar”, dice con resignación en su rostro y la mirada vagando en el aire.

Francisca afirma que fue víctima de mala praxis por el diagnóstico, el cual desconoce por qué le fue dado. ¿Posible falta de conocimiento? ¿Falta de recursos para una mejor chequeo? Hasta la fecha aún no llega a una respuesta concreta, aunque contempla algunas.

“Entendieron o se hicieron los bobos. No sé si cuando empezaron a decirme que le aplicara yodo, y eso capaz haya sido lo que me dañó los dedos”, sospecha.

 

 

Una carga que no pidió ni quiere ser

Debido a que ahora se encuentra en silla de ruedas, Francisca necesita de la ayuda de sus hijas incluso para la más mínima tarea cotidiana. Su movilidad es reducida debido a la amputación.

“Ahorita soy una carga para ellas. Hasta que no aprenda a movilizarme con una sola pierna, no puedo prestarles ayuda para algo. De resto me tienen que cargar como una niña chiquita. Los hombres me bajan cuando debo ir al seguro para que me hagan la limpieza y ellas me llevan al baño”, confiesa con pesar.

Francisca lamenta la situación. Dice que debido a su peso, casi 70 kilogramos, sus hijas padecen de dolores del espalda por la fuerza que deben hacer para ayudarla a movilizarse.

 

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