Juan, activista político de unos 20 años, relató su experiencia de como fue detenido arbitrariamente en el contexto postelectoral en Venezuela. Según su testimonio, fue sometido a torturas físicas y psicológicas por fuerzas de seguridad durante su reclusión en Tocorón, el centro penitenciario ubicado en el estado Aragua, conocido por haber sido base de operaciones del grupo criminal Tren de Aragua.
En una entrevista con BBC Mundo, realizada mediante videollamada (que por su propia seguridad decidieron no publicar algunos detalles sobre su caso y modificaron su nombre), Juan aseguró que al ser interceptado por hombres encapuchados fue golpeado y acusado de ser un «terrorista». Durante su traslado al centro de detención, le «sembraron» objetos incriminatorios como bombas molotov y gasolina.
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Según su relato, es la segunda vez que enfrenta una detención bajo estas circunstancias, puesto que, en 2017, durante protestas contra la administración chavista, fue secuestrado y posteriormente acosado por las autoridades.
Condiciones inhumanas en Tocorón
Juan describió las condiciones de reclusión como deplorables. Fue asignado a una celda de tres por tres metros que compartía con cinco personas más, donde dormían sobre «tumbas de cemento» con colchonetas delgadas. El acceso al agua para asearse era limitado a seis minutos diarios para seis personas, y la comida, cuando llegaba, era de pésima calidad, describiéndola como «comida podrida» o inadecuada para consumo humano.
El joven afirmó que las jornadas en la cárcel estaban marcadas por maltratos rutinarios. Los detenidos eran obligados a realizar ejercicios degradantes como «caminar como ranas», y a quienes eran considerados rebeldes los confinaban en «celdas de castigo» o en «el tigrito», una celda de un metro cuadrado sin ventilación adecuada. Juan narró su experiencia en «la cama de Adolfo», un cuarto oscuro con poco oxígeno donde los reclusos eran encerrados hasta que perdían la conciencia.
Impacto físico y psicológico
Juan aseguró que las condiciones de reclusión afectaron la salud física y mental de muchos compañeros detenidos, algunos de los cuales, según su testimonio, cayeron en estados de profunda depresión. Las constantes amenazas, el aislamiento y la incertidumbre sobre el tiempo de detención profundizaban el sufrimiento.
Al ser liberado, relata que las autoridades tomaron fotos de los excarcelados frente a platos con comidas bien presentadas, presuntamente para «documentar» un trato humanitario que no reflejaba la realidad vivida dentro de la cárcel.
Reflexión sobre el futuro
A pesar de las torturas sufridas, Juan expresó que su experiencia no ha mermado su compromiso con la lucha por el futuro de Venezuela. «El poco miedo que tenía lo perdí en la cárcel de Tocorón», reiterando su decisión de seguir adelante a pesar de los riesgos.
Este testimonio se suma a las denuncias de organizaciones de derechos humanos que han documentado maltratos y violaciones sistemáticas dentro de las cárceles venezolanas en el contexto de las recientes protestas postelectorales.






