Un sismo de magnitud 6,8 sacudió, este martes, a la costa del norte de Chile.

El movimiento telúrico, registrado a primera hora de este martes, tuvo una profundidad de 31,3 km, según el reporte emitido por el Centro Sismológico Nacional de la nación suramericana.

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De acuerdo con la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública de Chile (Onemi), el temblor no dejó heridos, víctimas fatales ni daños materiales.

Un terremoto de magnitud 6,4 sacudió el archipiélago de Vanuatu, en el Pacífico Sur.

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Las autoridades del país emitieron una alerta de tsunami ante el retroceso de la marea en algunas zonas de las islas. 

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) indicó que el hipocentro del sismo tuvo una profundidad de 226 kilómetros y que su epicentro se situó a 59 kilómetros de la ciudad de Isangel, en la isla de Tanna.

Un sismo de magnitud 4.3 en la escala de Richter se registró la noche del sábado, 30 kilómetros al norte de Irapa, en el estado Sucre según informó la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).

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El movimiento telúrico tuvo una profundidad de 3.3 kilómetros, lo que activó a las autoridades locales ante posibles daños estructurales que se puedan registrar en el estado durante las próximas horas.

Los habitantes del estado Zulia vivieron una noche movida este martes debido a un temblor de magnitud 4.8, que se registró a 50 kilómetros al suroeste de Sinamaica y se sintió principalmente en la capital, Maracaibo.

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De acuerdo a la medición de Funvisis, el movimiento telúrico fue a las 11:16 p.m., con una profundidad de 5.1 kilómetros.

Por su parte, el Servicio Geológico de Colombia informó en su boletín preliminar que el evento sísmico tuvo una magnitud de 5.6.

Usuarios en redes sociales calificaron como «fuerte» el temblor, que encendió las alarmas entre los zulianos.

La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) reportó un sismo de magnitud 4.3 a las 4;42 AM, a 14 km. de la población de Biscucuy, estado Portuguesa, sin registro de daños estructurales y pérdidas humanas.

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Desde el temblor de magnitud 5.2 registrado la mañana de este 12 de julio, que se sintió en Caracas y el occidente del país, Funvisis registró al menos cinco sismos leves entre la noche del domingo y la madrugada de este lunes.

De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, se registró un temblor de magnitud 5.2 a las 11:08 AM de este domingo 12 de julio, que se pudo sentir los estados Lara, Mérida, Trujillo, Carabobo, Táchira, Zulia, Miranda y el Distrito Capital.

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El epicentro se localizó a 51 kilómetros de Guanare, estado Portuguesa, específicamente en la localidad El Tocuyo, con una profundidad de 30 kilómetros. Aún no se reportan daños físicos ni pérdidas humanas.

Por otro lado, Funvisis indicó que el sismo ocurrió a 11 kilómetros al noreste de Biscucuy, con una profundidad de 5 kilómetros.

Información en desarrollo

El Servicio Geológico Nacional de Colombia (SGC), informó este sábado a través de la red social Twitter que se registró un sismo de magnitud 4.8 en la escala de Richter, teniendo su epicentro en el municipio de la Mesa de los Santos, en el departamento del Norte de Santander.

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El movimiento telúrico de gran intensidad que fue registrado en varias zonas del país, especialmente en la ciudad de Bucaramanga, que según los usuarios fue la más afectada, tuvo una profundidad de 153 kilómetros, lo que disminuyó su intensidad.

Las autoridades se encuentran a la espera de los análisis de cada uno de los departamentos para determinar si se registraron daños estructurales o alguna persona herida durante el sismo.

El Servicio Geológico de Colombia confirmó este miércoles un sismo de magnitud 5.5 en la escala de Richter, el cual tuvo una profundidad de 149 kilómetros en la comunidad de Zapatoca, departamento Norte de Santander.

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Según usuarios de la red social Twitter, el movimiento telúrico se sintió en Bogotá y varias zonas del centro del país, por lo que las autoridades locales se mantienen en alerta ante futuras réplicas y posibles daños que hayan sufrido las infraestructuras de las ciudades afectadas.

«#SismosColombiaSGC Evento Sísmico – Boletín Actualizado 1, 2020-07-08, 22:22 hora local. Magnitud 5.5, Profundidad 149 km, Zapatoca – Santander, Colombia», detalló el instituto geológico a través de su cuenta Twitter.

La isla de Puerto Rico fue sacudida durante la tarde de este viernes por un sismo de magnitud 5.5, según reportó el Servicio Geológico de los Estados Unidos.

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El temblor afectó principalmente a la costa sur de la nación y tuvo su epicentro a 16 kilómetros al suroeste de Guánica y a 39 kilómetros de Mayagüez.

La profundidad del mismo fue de dos kilómetros y no dejó advertencia o vigilancia de tsunami, a pesar de que temprano en la jornada se registró otro movimiento telúrico de 4.9.

Por su parte, el pasado 28 de junio dos temblores de 4.8 y 4.7 respectivamente encendieron las alarmas en la isla, aunque este también fue percibido en naciones vecinas del Caribe.

El crujido de la credulidad
Todo se mueve, tiembla, no sé si el edificio –que cruje y se retuerce– se sostendrá en pie, pienso en mis hijos –¿pienso?–, los cuadros de la habitación se caen, los adornos sobre las mesas se van desplomando uno tras otro, los portarretratos estallan sus cristales contra el piso, el horripilante sonido sólo me advierte que lo que sucede es absolutamente anormal, que mi vida y la de Ana Carlota (mi esposa), que me observá con pánico mortal, penden de un precario e incierto hilo, tiembla, mi incredulidad se agrava cuando veo que Ana se tambalea sin control mientras intenta acercarse a mí.
¡Coño! ¿Moriremos?
 
El prodigioso profesional sin edad
Tiembla…, sí, sigue temblando, el tiempo no se detiene tampoco el temblor, me entrevista José Miguel Ferrer del periódico digital El Diario, comenzando el diálogo –antes del temblor– le pregunto su edad y me responde que tiene 22 años, es joven pero su aplomo me impresiona, sorprende lo informado que está, sus preguntas no son convencionales, inquiere mis pensamientos –¿pienso?–, no se conforma con respuestas fáciles, reclama más, conoce secretos, también anécdotas, sabe que hay cicatrices y también heridas abiertas. De pronto, me percato y le digo: “¡Está temblando!” Con un profesionalismo prodigioso me recomienda que paremos la sesión: “¡Resguárdese!”
¿Dónde?
 
El columpio entre el quiebre y el derrumbamiento
Estoy en el piso 19 de un edificio con bases hidráulicas, bases que establecen que los cimientos se columpien aún más de lo normal para proteger a la edificación del quiebre y el derrumbamiento, en México la mayoría de las nuevas edificaciones están construidas de ese modo desde el mortal terremoto de 1985, en el que miles de mexicanos perdieron la vida y centenares de miles quedaron en orfandad total. Tiembla, tiembla todo, Ana Carlota no logra acercarse a mí, se golpea contra las paredes, su rostro de incredulidad a un tiempo me aterra y conmueve, no quiero que sufra, no quiero que tenga miedo, pienso –¿pienso?– ¡cuánto la amo! Hasta en el preámbulo de la muerte el amor prevalece.
¿Hasta que la muerte nos separe? ¿La muerte?
 
Atajar el amor mientras tiembla
Sé que no voy a morir; no es un presentimiento, es una convicción. No moriré. Lo sé. Busco a Ana y logró atajarla entre mis brazos, me pregunta cuál es la zona más segura para resguardarnos, le respondo que en uno decimonoveno piso ninguna. Hablamos de salir a las escaleras, antes tomo impulsivamente mi computadora –¿pienso?– ahí está todo lo que soy, abro la puerta y nuestros vecinos de temblor gritan y lloran aterrorizados. Tiembla, sigue temblando, el edificio se columpia espantosamente y cruje más fuerte, sólo se espera el quiebre y la caída, pero yo sé que no se caerá, un señor menciona que la zona más segura es donde estamos, lo confirmo con un letrero verde ubicado entre los dos ascensores del que no me había percatado. La urgencia me despabila.
¿Y las escaleras?
 
La serenidad contagiosa del que sabe
El señor que nos había indicado cuál era la zona más segura nos advierte que bajar las escaleras –mientras tiembla, mientras sigue temblando– era muy peligroso, lo explica técnicamente. Su serenidad contagia. Le pregunto a uno de los vecinos si su perro –que estaba entre nosotros– había reaccionado al temblor, me explican que sí, que se había inquietado antes de sentirse el primer ramalazo sísmico. Advierto que ya no tiembla, lo comento. Es momento de bajar. El señor confirma que es el momento, pienso –¿pienso?– vendrá una réplica, hay que apurarse. Bajamos trastabillando. Llegamos sanos y salvos a las calles repletas de gente atemorizada. Me doy cuenta que ahora soy yo el que tiembla, no paro de temblar. Escribo un tuit y me voy a escribir la experiencia. Acabo de terminar. Han pasado dos horas. Estoy vivo, pienso: hay que seguir la lucha en Venezuela.
¿Se acabó el temblor?