Visos de una reelección inmediata

A inicios del mes de septiembre, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de El Salvador emitió un fallo en el que habilitaba al presidente de turno del país poder optar a la reelección inmediata, dando luz verde al actual mandatario, Nayib Bukele, a un posible segundo periodo consecutivo.

En el fallo, los magistrados ordenan al Tribunal Supremo Electoral permitir “que una persona que ejerza la Presidencia de El Salvador participe en la contienda electoral por una segunda ocasión”.

De esta forma, Bukele buscaría la reelección presidencial una vez terminado su actual mandato en 2024.

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Con el aval del Supremo a la reelección presidencial inmediata, se revierte un fallo de 2014 que prohibía la reelección presidencial en los diez años posteriores a dejar el puesto.

La Constitución del país centroamericano prohíbe que “una persona que haya ocupado el cargo por más de seis meses en el mandato anterior o en los últimos seis meses anteriores al inicio del período presidencial”, pueda ser aspirante a la presidencia.

Sin embargo, los magistrados sostienen que el fallo emitido no implica de facto que el candidato llegue a ser electo, sino que “el pueblo tendrá entre su gama de opciones a la persona que en ese momento ejerza la Presidencia”.

La Sala Constitucional está compuesta por perfiles afines al presidente después de la destitución de todos los jueces en mayo por parte de la Asamblea Legislativa, aliada de Bukele.

El pasado 1 de mayo, esta Asamblea destituyó a cinco magistrados de la Sala Constitucional, una acción que generó un torrente de condenas nacionales e internacionales.

No sería la primera vez que el mandatario de 40 años lleva a cabo una acción “cuestionable”. En febrero del 2020, ocurrió el llamado “Bukelazo”, episodio en el cual acompañado de policías y militares armados irrumpió en el Parlamento para presionar la votación de su plan de seguridad y orden territorial, con el que se daría a conocer la estrategia del Gobierno para combatir la delincuencia.

Algunas de las propuestas de cambio son: ampliar el mandato presidencial de cinco a seis años, instaurar la posibilidad de revocatorio al tercer año de gobierno y abrir la puerta al matrimonio igualitario y al aborto terapéutico.

Aunque a mediados de septiembre, el presidente retiró de la propuesta de reforma constitucional la posibilidad de legalizar el aborto terapéutico y el matrimonio igualitario.

“He decidido, para que no quede ninguna duda, no proponer ningún tipo de reforma a ningún artículo que tenga que ver con el derecho a la vida (desde el momento de la concepción), con el matrimonio (manteniendo únicamente el diseño original, un hombre y una mujer), o con la eutanasia”, comunicó Bukele en sus redes sociales.

El anuncio de las modificaciones a la Constitución provocó, a mediados de agosto, una caída de los precios de los bonos del país.

A pesar de contar con una tasa de aprobación de casi el 90 %, siendo el presidente de Latinoamérica mejor calificado, según la encuesta más reciente realizada por LPG Datos, la unidad de investigación social de La Prensa Gráfica, Bukele ha sido objeto de duras y contundentes críticas por parte de la comunidad internacional y diversos organismos.

José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, opinó que “Bukele desmantela las instituciones democráticas como (Hugo) Chávez pero a un ritmo mucho más alarmante”.

Estados Unidos condenó la decisión de la Sala Constitucional a través de su encargada de negocios en ese país, Jean Manes, quien calificó el hecho como “un acto contrario a la Constitución salvadoreña” y afirmó que es un “declive” de la democracia que daña la relación entre ambas naciones.

“Esto demuestra una estrategia clara para socavar la independencia judicial y eliminar un contrapeso crítico en el poder ejecutivo”, agregó Manes.

Este martes, 20 de septiembre, el secretario de Estado Antony Blinken, anunció que Estados Unidos incluyó a cinco magistrados de la Corte Suprema de El Salvador en la lista de “actores corruptos y no democráticos”.

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Para el medio The Economist, El Salvador se convertirá en la primera dictadura “millennial” si la tasa de aceptación de Bukele sigue siendo “muy alta”.

Giovanna de Michele, analista internacional con estudios de Inteligencia y Contrainteligencia, así como de Imagen y Escenarios de Negociación, que además trabajó como analista de Seguridad y Defensa en el Estado Mayor Conjunto del Ministerio de la Defensa y en la Dirección de Inteligencia del Comando General del Ejército de Venezuela, opinó que El Salvador se suma a esa corriente de países latinoamericanos “cuyos gobernantes se ven absolutamente seducidos por el poder y buscan a toda costa la reelección a pesar que llegaron con la firme promesa de que ese no sería uno de sus objetivos”.

“En el caso de Nayib Bukele no genera ninguna sorpresa porque desde que recibió la presidencia de El Salvador se le viene observando una fascinación especial por el ejercicio del poder de forma absolutamente centralizada”, dijo en conversación con VPItv.

La internacionalista puso sobre la mesa una acotación, y es el hecho de que el mandatario busque la reelección no necesariamente significa su perpetuación en el poder “porque va a depender de otros factores como la credibilidad en los otros poderes públicos (…) y la credibilidad en el poder electoral, que es fundamental para garantizar la permanencia en el poder. El caso de Bolivia, por más que Evo lo intentó, no lo logró porque los votos no le favorecieron”.

La comunidad internacional ha tenido un discurso de concordancia con respecto al tema de El Salvador, pero para De Michele, ese discurso “coherente” no ha sido contundente. “Una cosa es ser coherente y otra cosa ser contundente”.

“Los discursos no generan un mayor impacto, no le hacen costoso a un gobernante centralizar el poder, gobernar de manera autoritaria, acabar con los demás poderes públicos (…) y de ejemplo tenemos varios en América Latina. Se requiere mucho más que coherencia frente a estos personajes que se engolosinan con el poder”, añadió.

La analista adelantó que el futuro político de El Salvador se ve sumamente “turbio” por cómo se “han mermado las garantías constitucionales”.

“En el corto plazo es probable que veamos una gran precariedad institucional y muchas limitaciones en el ejercicio de los derechos políticos, sobre todo para quienes aspiren al poder. Las elecciones se convertirán en un fin en sí mismo, más que un medio de expresión por parte del pueblo, pasarán a ser un modo del gobernante perpetuarse en el poder”, culminó.

Un problema de fondo y no de forma

VPItv pudo conversar de manera exclusiva con Carlos Sánchez Berzain, abogado y político boliviano que ejerció como ministro de la Presidencia, ministro de Gobierno y ministro de Defensa durante el primer y segundo mandato del presidente constitucional Gonzalo Sánchez de Lozada en los años ‘90.

De acuerdo con Berzain, lo ocurrido en El Salvador responde a “una señal más de la gran falla del sistema presidencialista. Razón por la que, para fortalecer la democracia en las Américas, es muy importante que se hagan reformas que salgan del presidencialismo hacia el parlamentarismo”.

“El problema del presidencialismo es que el término de vigencia de un presidente es corto cuando el presidente es bueno, y largo cuando es malo. Para eso existe otra forma de organización que es el parlamentarismo, en la cual es el Parlamento el que elige, ratifica y quita la confianza al jefe del Poder Ejecutivo”, opinó.

Según el politólogo, de esa manera se puede obtener más estabilidad y transparencia y se podrían “tener figuras como la de Berlusconi en Italia, que gobernó 20 años y nunca fue un dictador, o la de la jefa del Gobierno alemán, Angela Merkel, que en este momento está terminando después de 15 años”.

“Hubiese sido mucho mejor que en El Salvador el presidente Bukele en vez de ir por la clásica (…) hubiera planteado el cambio del presidencialismo al parlamentarismo y con todo el respaldo popular que tiene, aún podría llevar adelante una permanencia a la cabeza del Poder Ejecutivo de manera constitucional, legal y con un nuevo sistema que además le daría a su país el liderazgo en este tipo de reforma, que a mi criterio, va a terminar abarcando a toda las Américas”, afirmó.

“Comparaciones fuera de lugar”

El abogado enfatizó que las comparaciones de Bukele con Chávez, Daniel Ortega o Evo Morales, no son más que una exageración.

“En El Salvador hay democracia, y las decisiones que se están viendo pueden representar una crisis de democracia, pero en Venezuela, Nicaragua o Bolivia lo que hay son dictaduras, ¿cuál es la diferencia? En democracia están presentes los elementos fundamentales de esta, dados por el artículo tercero de la Carta Democrática Interamericana, que son el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, la vigencia del Estado de derecho, la separación e independencia de los poderes públicos, las elecciones libres, justas y limpias, fundadas en sufragio universal y la libre organización política”, explicó.

Para ratificar su argumento, el exministro boliviano ofreció datos sobre Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

“Venezuela tiene más de seis millones de exiliados, cerca de 400 presos políticos; Bolivia tiene más de 1.700 exiliados certificados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y 42 presos políticos; Nicaragua tiene más de 140 presos políticos y más de 120.000 exiliados”, precisó.

“Es un exceso comparar una democracia que tiene en frente un proceso de cambio en el que puede haber situaciones de crisis como es El Salvador, con dictaduras de oprobio en el que además la tortura es regla”, exclamó.

El Salvador ha sido un país caracterizado por derogaciones y reformas de las reglas constitucionales, cerca de 15 cartas magnas ha tenido la nación centroamericana. Ante esto, Berzain aclaró que “el excesivo mecanismo de reforma constitucional tiene que ver primero con la cultura latinoamericana (…) que trata de manera diferente al sistema institucional en comparación con la cultura anglosajona”.

El exministro de Defensa de Bolivia fue cauteloso a la hora de vaticinar el futuro escenario político para El Salvador, al señalar que en política, sobre todo cuando se tiene un respaldo tan grande como el de Bukele, a veces las formas son parte de la cuestión de fondo.

“Yo creo que él puede llevar adelante procesos importantes de reforma en una dinámica de búsqueda de mayor consenso (…) el respaldo popular es masivo, pero no hay que olvidar que por respaldo que tenga, la democracia no es a secas el gobierno de la mayoría, sino el sistema que garantiza los derechos de las minorías. Entonces, en todo proceso de reforma y transformación que haga Bukele, tiene que garantizar esos derechos de las minorías y entonces tendrá más éxito, mayor respaldo y consistencia y mayor duración para su gobierno”.

Actualmente,  la situación de la reelección presidencial en América Latina es la siguiente: Colombia, Guatemala, Honduras, México y Paraguay se encuentra constitucionalmente prohibida. En Chile, Costa Rica, Panamá y Uruguay la reelección presidencial es posible en periodos no consecutivos; mientras que en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, República Dominicana, y Venezuela la reelección se puede dar en periodos consecutivos. En este último grupo de países la reelección se limita a un periodo, con excepción de Venezuela y Nicaragua donde es indefinida.

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